1834

 

A UNA EN EL PARAÍSO

 

Fuiste para mí, oh amor,
todo lo que mi alma anhelaba,
verde isla en el mar, amor,
fuente y santuario,
coronados por hermosas frutas y flores,
y, oh amor, todas las flores eran mías.

¡Oh sueño tan bello, y por bello, fugitivo!
¡Oh estrellada esperanza que surgió
para pronto nublarse!
Una voz del futuro me reclama:
“¡Más allá! ¡Mas allá!”, pero sobre el pasado
(¡oscuro vórtice!) se cierne mi espíritu,
horrorizado, mundo, inmóvil.

¡Oh dolor! ¡La luz de la vida
se ha extinguido!
“Ya nunca… nunca… nunca”
(murmura así el solemne mar
a las arenas de la playa)
florecerá el árbol partido por el rayo,
ni el águila herida emprenderá su vuelo.

Y hoy, todos mis días son trances,
y mis nocturnos sueños
se hallan donde tus ojos grises miran,
y donde fulguran tus pasos,
en qué danzas etéreas,
junto a qué eternos arroyos.