1837

 

BALADA NUPCIAL

 

Adorna mi mano el anillo,
y ciñe mi frente la corona;
sedas y joyas espléndidas
están dispuestas bajo mi poder,
y ahora soy feliz.

Y de mi señor su amor es bondadoso;
pero cuando expresó su promesa de fidelidad,
mi corazón sentí vibrar,
porque sus palabras resonaron como un fúnebre tañido,
y su voz me recordó a quien murió
combatiendo en el valle,
y ahora es feliz.

Pero cuando quiso tranquilizarme,
besó mi frente pálida,
y se adueñó de mí un éxtasis
que me transportó al cementerio,
y suspirando, frente a mí creí contemplar
al muerto D’ Elormie.
“¡Ah, ahora soy feliz!”.

Y las palabras se pronunciaron,
y los votos juré;
aunque mi fe se quebrante
y se rompa mi corazón,
he aquí el anillo, signo
de que ¡ahora soy feliz!
¡He aquí el símbolo de oro:
pruebaque ahora soy feliz!

Quisiera Dios que despierte
porque no sé como sueño,
y mi alma convulsionada está por el dolor,
por miedo de dar un mal paso,
por miedo de que el muerto abandonado
no sea ahora feliz.

SONETO A ZANTE

 

¡Bella isla, que de la más bella de todas las flores
tomaste tu nombre, el más dulce de los nombres más hermosos!
¡Cuántos recuerdos de horas tan radiantes
al verte y al vernos despiertas!

¡Cuántos escenarios encantadores desvanecidos!
¡Cuántos pensamientos de sepultadas esperanzas!
¡Cuántas visiones de una doncella que nunca más,
nunca más estará en tus verdes laderas!

¡Nunca más! ¡Qué dolor! ¡Ese mágico y triste sonido
transformándolo todo! ¡Nunca más volverán a alegrar tus hechizos!
¡Nunca más tu recuerdo! Como tierra maldecida

desde ahora conservo tu costa de flores esmaltada.
¡Oh isla jacintina! ¡Oh purpúrea Zante!
“¡Isola d’oro! ¡Fior di Levante!”.