1843

 

EL GUSANO VENCEDOR

 

¡Mirad! ¡Es noche de gala
en los últimos años solitarios!
Una multitud de ángeles alados,
con sus velos y en lágrimas anegados,
es el público de un teatro donde se representa
una obra de temores y esperanzas,
mientras que la música de las esferas
a intervalos exhala la orquesta.

Mimos, a imagen del Altísimo,
gruñen y mascullan;
volando aquí y allá,
simples títeres son que obedecen
el mandato de enormes cosas informes,
y transforman de continuo el escenario,
vertiendo de sus agitadas alas de cóndores
¡la invisible Miseria!

¡Este abigarrado drama ya nunca,
nunca se olvidará!;
con su Fantasma eternamente perseguido
por una turba que no lo alcanza,
en un círculo siempre de retorno
al punto de partida.
Y la Locura, y el Pecado,
y el Horror son el alma de la intriga.

Pero, ¡observad! Entre la mímica confusión,
violenta se introduce una figura reptante.
¡Una inmundicia de color rojo sangre
se retuerce en la soledad escénica!
¡Se retuerce, y retuerce!, y con mortales tormentos
los mimos son su alimento,
y sus colmillos destilan sangre humana,
y los ángeles lloran, lloran.
¡Se apagan las luces, todas las luces!
Y sobre cada forma tremulante,
el telón, como un manto fúnebre
cae con el ímpetu de una tormenta,
mientras que los ángeles, pálidos y exangües,
levantándose, pero sin velos, afirman
que la obra es la tragedia “El Hombre”,
y su héroe, el Gusano Vencedor.

 

LENORE

 

¡El cuenco de oro se quebró! ¡Para siempre se remontó el espíritu!
¡Doblen, que doblen las campanas! Un alma inmaculada atraviesa el río Estigio.
Y tú, Guy de Vere, ¿no tienes una sola lágrima? ¡Llora ahora o nunca más!
¡Mira! ¡En aquel lóbrego y sombrío féretro yace tu amor, tu Lenore!
¡Ven!, ¡se debe oficiar el ritual del sepelio y entonarse el canto funerario!
Un himno para la muerta más regia que jamás tan joven murió;
un treno para la muerta que murió dos veces porque tan joven murió.

“¡Miserables! Ustedes la amaron por su riqueza y por su orgullo la odiaban,
y cuando se quebrantó su salud, la bendijeron… ahora que murió.
¿Cómo, entonces, se irá a oficiar el fúnebre rito, cómo van el réquiem a cantar
ustedes, ustedes, mal de ojo, ustedes, lenguas viperinas
que a la inocencia llevaron a la muerte, y que tan joven murió?”.

Peccavimus; ¡mas no delires así! ¡y que un canto de Sabbath
ascienda a Dios tan solemnemente que la muerta no perciba ofensa alguna!
La dulce Lenore “partió antes”, y con ella se remontó la esperanza,
dejándote desesperado por la amada niña que habría sido tu desposada;
Lenore, la bella y distinguida que ahora descansa
con la vida en sus dorados cabellos, mas no en sus ojos;
la vida aún en su cabello, y en sus ojos, la muerte.

“¡Fuera! … Esta noche tengo etéreo el corazón, y no elevaré ningún treno,
sino que llevaré delicadamente a este ángel en su vuelo, con un peán de los antiguos tiempos!
¡No permitas que doblen las campanas, pues su alma en su sacro regocijo,
escuchar no debe el tono que surge de la maldita Tierra!
De los amigos de arriba, de los malignos espíritus de abajo, despréndese el ánima indignada;
desde el Infierno, hasta un elevado sitial en el Cielo,
del dolor y el lamento, hasta dorado un trono  junto al Rey de los Cielos”.

 

[LÍNEAS SOBRE JOE LOCKE]

 

Por lo que respecta a Locke, para mí está siempre en el ojo
de la tormenta, y que el mismo demonio venga pronto por su alma.
¡Nunca se supo que estuviera
en su cama al toque de diana!

John Locke es un nombre relevante,
Joe Locke es más famoso;
en resumen: el primero es bien conocido por su renombre,
mas el segundo es mejor conocido por “soplón”.