1844

    

[CANTO DE CAMPAÑA]

 

  ¡Divisad el águila blanca remontando su vuelo hacia los cielos,
excitando el vasto firmamento con su agudo grito de batalla!;
del tiempo aquel, la osada blanca águila de esta nación,
planeando vuela con su ala remera sobre valles y mares.


EL REINO DEL ENSUEÑO

 

Por senda oscura y solitaria,
acechada tan solo por ángeles del mal,
donde un ídolo llamado Noche
con potestad reina en su negro trono,
recién he llegado a estas tierras
desde la más lejana y sombría Tule,
desde una desafiante y pavorosa región que se extiende, sublime,
fuera del espacio, fuera del tiempo.

Insondables valles y torrentes ilimitados,
y abismos, y cavernas, y bosques titánicos,
con formas que nadie puede descubrir
por las lágrimas que se vierten gota a gota dondequiera;
montañas derrumbándose por siempre
en mares sin costa;
mares que sin descanso inquietos ascienden,
encrespándose hasta tocar cielos igníferos;
lagos que incesantemente extienden
sus aguas solitarias, solitarias y muertas;
sus inmóviles aguas, inmóviles y heladas
por las nieves de los lirios reclinados.

Por lagos que derraman
sus aguas solitarias, solitarias y muertas,
sus aguas tristes, tristes y heladas
por las nieves de los lirios reclinados;
por montañas, por el río
que discreto murmura, murmurando siempre;
por bosques grises, por la ciénaga
donde campean el sapo y la salamandra;
por lóbregas charcas y pantanosas lagunas
donde habitan los demonios necrófagos;
por cada uno de los parajes más profanos,
por cada uno de los rincones más melancólicos,
encuentra ahí el horrorizado viajero
velados recuerdos del pasado,
amortajadas formas que surgen de súbito
y suspiran pasando junto al peregrino;
formas en mantos blancos de amigos
hace mucho tiempo entregados agonizantes a la Tierra… y al Cielo.

Para el corazón poblado de angustias
es una región de paz y de consuelo,
para el espíritu que deambula por la sombra
es… ¡El Dorado!
Pero el viajero que por allí transita,
no puede, no osa francamente verla;
nunca sus misterios se revelan
ante los abiertos y débiles ojos humanos,
porque así lo desea su rey, quien ha prohibido
levantar los frisados párpados;
y entonces, el alma que triste va pasando,
contempla todo aquello, pero a través de oscuros cristales.

Por senda oscura y solitaria,
acechada tan solo por ángeles del mal,
donde un ídolo llamado Noche
con potestad reina en un negro trono,
recién he vagado hacia mi hogar,
desde una lejana y sombría Tule.