1845

  

EPIGRAMA PARA WALL STREET

 

  Te propongo un plan para que ganes abundantes dólares,
muchos más que un banquero, comerciante o corredor de bienes raíces…
Toma un billete bancario y… ¡dóblalo!,
luego, ¡tendrás dinero doblado!
Este fantástico método, sin peligro o pérdida del dinero,
conserva el efectivo en tus manos, y de esta forma, no tendrás ninguna preocupación;
y cada vez que lo doblas en forma transversal, ¡lo duplicas!:
este es un plan tan claro como la luz del día.
Sí, decididamente es uno de los máximos jeux d’esprit que hemos hallado en un año.
¿Alguien lo hizo? ¿Quién?

      


EL CUERVO


 

En una deprimente medianoche, cuando débil y fatigado meditaba
sobre más de un antiguo y raro libro de olvidada sabiduría,
mientras que soñoliento cabeceaba, de súbito se oyó un ligero golpe,
como si alguien tocase a la puerta de mi cuarto. 
“Es algún visitante”, musité, “que toca a la puerta de mi cuarto.
                         Eso es todo y nada más”.

¡Ah!, recuerdo claramente que fue en el desolado y frío diciembre,
y cada ascua moribunda, su fantasma proyectaba en el suelo.
Impaciente, ansiaba el despunte de la aurora, porque en vano había intentado hallar
en mis libros, alivio y cicatriz a mi dolor por la desaparecida Lenore,
la singular y resplandeciente doncella por los ángeles llamada Lenore.
                       Aquí sin nombre por siempre jamás.

Y el sedoso, triste, incierto y susurrante crujido de las purpúreas cortinas
me estremeció, me invadieron fantásticos terrores jamás antes sentidos.
De manera que para detener los latidos de mi corazón, me puse de pie, repitiendo,
“es algún visitante que suplica entrada en la puerta de mi cuarto;
algún tardío visitante que suplica entrada en la puerta de mi cuarto.
                              Esto es todo y nada más”.

De repente mi alma se armó de valor, y sin dudar más,
“¡señor!”, exclamé, “o ¡señora!, por favor le ruego que acepte mis excusas;
estaba dormitando y ha llamado usted tan débilmente,
tan inaudible ha tocado, ha tocado a la puerta de mi cuarto,
que no tuve la certidumbre de haberle escuchado”. Abrí entonces de par en par la puerta.
                              Oscuridad, y nada más.

Escrutando en lo más hondo de aquella negrura, permanecí largo tiempo ahí, preguntándome,
       temiendo,
dudando, soñando sueños que jamás ningún mortal se atrevió a soñar;
pero el silencio era persistente, invariable la quietud,
y la única palabra pronunciada fue acaso el susurro de la palabra ¿“Lenore”?
Sí, eso susurré y un eco murmurante me devolvió la palabra de “Lenore”.
                                 Solamente esto, y nada más.

Retorné a mi cuarto con toda mi alma ardiendo en mi interior,
y pronto escuché de nuevo aquel golpe, pero ahora más fuerte.
“Sin duda”, dije, “sin duda es algo que está junto a la celosía de mi ventana;
veamos pues que hay allí, y este misterio investiguemos;
tranquilícese por un momento mi corazón y este misterio investiguemos.
                               ¡Es el viento, y nada más!”.

De un golpe abrí el postigo y, entonces, con gran revoloteo y agitación
irrumpió un majestuoso cuervo de los sacros días de antaño;
sin deferencia alguna, no se detuvo un solo instante,
mas con aires de señor o de señora se posó en el dintel de la puerta de mi cuarto,
posóse en un busto de Palas, en el dintel de la puerta de mi cuarto.
                              Se posó, y se plantó, y nada más.

Luego, como el pájaro de ébano convirtió seductoramente mi triste ilusión en sonrisa,
por la solemnidad y austeridad del aplomo que mostraba,
dije: “Aunque esté tu cresta rapada y sin plumas, de seguro que no eres un cobarde,
horrible, siniestro y antiguo cuervo que errante llegas desde la orilla de la noche;
dime ¡cuál es tu nombre señorial en la orilla plutónica de la noche!.
                                 Dijo el cuervo: “Nunca más”.

Muy sorprendido quedé al escuchar que esta ave desgarbada pudiera expresarse sin dificultad
        alguna,
aunque su respuesta no tuviese mayor sentido, ni fuera pertinente;
pero es preciso reconocer que jamás ser humano viviente
ha tenido la fortuna de ver pájaro alguno en el dintel de la puerta de su cuarto;
pájaro o ser fantástico en el busto esculpido en el dintel de la puerta de su cuarto,
                                   con un nombre como “Nunca más”.

Y el cuervo, posado solitariamente en el sereno busto
pronunció solo esas dos palabras, como si en ellas derramara toda su alma.
Nada más expresó; ni siquiera agitó una pluma,
hasta que musité: “Otros amigos ya partieron;
por la mañana él me dejará, así como se esfumaron mis esperanzas”.
                                   Entonces dijo el pájaro: “Nunca más”.

Sobresaltado ante el silencio roto por réplica tan apropiada,
“sin duda”, dije, “lo expresado es su único vocabulario,
que tomó de algún infeliz maestro, a quien el acerbo infortunio
sin tregua persiguió, y persiguió, hasta que sus cantos se cargaron con el peso de un retornelo,
hasta que los funerarios cantos de su esperanza se cargaron con el peso del melancólico retornelo
                                    de ‘Nunca, nunca más’”.

Y ya que el cuervo aún convertía cautivamente mi triste ilusión en sonrisa,
acerqué un mullido sillón hasta quedar enfrente del pájaro, busto y puerta;
entonces, hundiéndome en el terciopelo, me di a la tarea de concatenar
conjetura tras conjetura, pensando en lo que este siniestro pájaro de antaño,
en lo que este tenebroso y enjuto, torvo, espectral y siniestro pájaro de antaño
                                    quería decir con su graznido de “Nunca más”.                 
                                                                                               
Esto me entretuvo en adivinar, sin expresar palabra alguna,
acerca del ave cuyos fieros ojos penetraban incandescentes hasta el fondo de mi corazón;
esto y más trataba de presumir ahí sentado, con mi cabeza cómodamente reclinada
en la funda de terciopelo del almohadón, en la que se regocijaba la luz de la lámpara,
funda de violáceo terciopelo en la que se regocijaba la luz de la lámpara,
                                    que ¡ella no estrechará nunca más!

Entonces, me pareció que el aire se tornó más denso, perfumado por un invisible incensario,
mecido por un serafín cuyas pisadas tintinearon en el piso alfombrado.
“¡Miserable!”, grité, “¡tu Dios te ha concedido, y con estos ángeles ha enviado
alivio, sosiego y nepente para tus recuerdos de Lenore!
¡Bebe, oh, bebe este bondadoso nepente, y olvida a tu desaparecida Lenore!”.
                                    Dijo el cuervo: “Nunca más”.

“¡Profeta!”, dije, “¡ser maligno, pájaro o demonio, siempre profeta!
Ya sea que el tentador te ha enviado, o que la tempestad te impulsó hacia estas costas,
solitario aunque intrépido, a esta hechizada tierra de desolación,
a esta casa poseída por el horror, dime, en verdad te lo imploro,
¿hay bálsamo, hay bálsamo en Galaad? ¡Dime, dime, te lo imploro!”.
                                    Dijo el cuervo: “Nunca más”.

“¡Profeta!”, dije, “¡ser maligno, pájaro o demonio, siempre profeta!
Por ese cielo que nos cubre, por ese Dios que ambos adoramos,
di a esta alma agobiada de angustia, si en el lejano Edén
abrazará a una doncella en los Cielos exaltada, a quien los ángeles llaman Lenore,
abrazará a una singular y resplandeciente doncella a quien los ángeles llaman Lenore”.
                                    Dijo el cuervo: “Nunca más”.

“¡Que estas palabras sean el sello de nuestra despedida, pájaro o espíritu del mal!”, grité
        levantándome súbitamente.
“¡Vete a la tempestad y a la orilla plutónica de la noche!
¡No dejes ni una pluma negra como signo de esa mentira que ha dicho tu alma!
¡Deja intacta mi soledad! ¡Abandona el busto en el dintel de mi puerta!
¡Saca tu pico de mi corazón, y aleja tu figura de mi puerta!”.
                                    Dijo el cuervo: “Nunca más”.

Y el cuervo, jamás emprendió el vuelo; continúa plantado, continúa plantado
en el pálido busto de Palas, en el dintel de la puerta de mi cuarto,
y sus ojos se parecen a los ojos de un demonio que sueña;
y difundiéndose sobre él la luz de la lámpara, proyecta su sombra en el piso,
y mi alma, de esa sombra flotante en el piso
                                    ¡no se levantará… nunca más!

 

    IMPROMPTU. A KATE CAROL

     

     
    Cuando tus atesoradas opiniones mentalmente recuerdo,
    y miro aquellos absolutos y bellos ojos tuyos, siento que tu corazón me escucha,
    mas apenas de ti logro imaginarme qué es lo más apreciado…
    tu brillante inteligencia o tu luminosa y profunda mirada.

     

    A [VIOLET VANE]

     

     
    No podría sojuzgar tu corazón,
    y, ¡ay de mí!, el mío sin rumbo viaja;
    no robaría un fiel pensamiento
    de quien debiera prevalecer solo;
    un amor ambos por siempre descubrimos,
    y allí nuestras fatigadas almas reposar pueden;
    y si no fuese así, mi gentil amiga,
    ¿no somos cada quien el mejor después del primero?
    Un amor de pasión sincera,
    afecto es al cariño, tan puro como encantador,
    un lazo que todos los más amados sentimientos
    de hermano, hermana y primo se satisfacen
    como la unión que dibujar podríamos,
    tú y yo, consagrados,
    y el amor supremo rigiendo nuestros corazones,
    y que la amistad sea la mejor después de la primera.

     

    EULALIE. UN CANTO
     

     

      Solitario viví
      en un mundo de lamentos y de lágrimas,
      y mi alma era una marea estancada
      hasta que Eulalie, bella y gentil, llegó a ser mi ruborizada desposada;
      hasta que Eulalie, juvenil y de dorado cabello, llegó a ser mi sonriente desposada.

      ¡Brillan, brillan menos
      las nocturnas estrellas
      que los ojos de esta niña radiante!
      Y nunca habrá capricho
      que formar pudiese el vapor
      con los tintes purpúreos y perlados de la luna,
      comparable con el más delicado de los rizos de la recatada Eulalie;
      comparable con el más sencillo y ligero rizo de Eulalie, la de luminosos ojos.

      Ya la duda y el dolor
      nunca volverán
      porque su alma me la entrega, suspiro por suspiro;
      y todo el día
      brilla con su resplandor irresistible
      Astarté en el cielo,
      y hacia el astro levanta siempre la querida Eulalie su mirada de esposa,
      y hacia el astro levanta siempre la joven y dulce Eulalie sus ojos violeta.


    EL DIVINO DERECHO DE LOS REYES

     

     
    El único y divino derecho del rey
    es Ellen King, y si ella fuera mía,
    disputaría su libertad… y se acabó,
    aunque abracen mis brazos las gloriosas cadenas que soporto.
    Un trono de marfil es su pecho,
    donde solo reina del tirano la virtud;
    y ningún súbdito se atreverá a desafiar,
    el poder aquí gobernante.
    ¡Oh!, que permitiera ella regir mi destino,
    porque entonces adoraría a reyes y el majestuoso estado,
    y este axioma sostendría por toda una larga vida
    al rey, mi rey…¡no puedo equivocarme!

     

    ESTANCIAS. [A F. S. O.]

     

     
    ¡Señora! Quisiera que estos versos
    intentaran, pródigos y espontáneos,
    merecer proféticos acentos en cada línea:
    bienestar, alegría y paz abundantes para ti.
    Tus venturosos días deben ser inacabables,
    perdurables joyas y fugaces penas,
    virtudes desafiantes que exaltan la envidia,
    caricia de los émulos y lamento de los herederos.
    Tu activo rumbo de la vida jamás marchará a la deriva,
    sino más allá de este confinado ambiente humano,
    donde ninguna ola se trasmuta en espuma
    al reventar sobre las rocas ciñendo la costa del tiempo.
    Júbilo de un corazón delicado,
    tan puro como los deseos musitados en una plegaria,
    que participa de las alegrías de los demás,
    mientras que otros, ávidos, desean compartir.
    Plenitud de una mente refinada
    poseedora de la opulencia del solemne poeta,
    incapaz de enmascarar el relumbrón del yerro, 
    brillante en la juventud, apagado en la vejez.
    Grandeza de un alma sincera
    que encierra sabiduría, virtud, sensibilidad,
    serenamente dorada para su propósito
    bajo el eterno cielo del pensamiento:
    todo es tuyo, protegido por inflexible escudo,
    y tu vida será el espíritu vivo,
    consagrado con toda la felicidad que el mundo pueda rendirte,
    y resplandezcas con todas las esperanzas que el Cielo vierta. 

     

    [HIMNO LATINO]

     

     
    ¡Mil, mil, mil,
    mil, mil, mil,
    con un solo guerrero degollamos a mil!
    ¡Mil, mil, mil, mil,
    cantemos otra vez mil!
    ¡Ohé! ¡Cantemos
    larga vida a nuestro rey
    que tan bellamente mató a mil!
    ¡Ohé! ¡Proclamemos
    que él nos ha dado
    más galones rojos de sangre
    que toda Siria vino!