APÉNDICE NO. 3

EPITAFIO SOBRE LA TUMBA DE EDGAR POE

Stéphane Mallarmé

 

Así como la eternidad le convierte finalmente en El mismo,
el Poeta blande con una espada desnuda,
su siglo espantado de no haber conocido
que la muerte triunfaba en esta voz extraña.

Ellos, como un vil sobresalto de la hidra, que antaño oyó el ángel
dar un sentido más puro a las palabras de la tribu,
proclamaron ruidosamente el sortilegio bebido
en la corriente sin honor de alguna negra mezcla.

Qué pena si con el suelo y la nube hostiles,
nuestra idea no esculpe un bajorrelieve
con que se adorne la tumba resplandeciente de Poe.

Tranquilo bloque caído de un desastre oscuro
que este granito, por lo menos, muestre para siempre su límite
a los negros vuelos de la Blasfemia esparcida en el futuro.
(Mallarmé, 1993, p. 18).