APÉNDICE No. 6

LAS REPERCUSIONES DE LA MUERTE DE POE…

Hervey Allen

(fragmento)

 

          Cuando Edgar Allan Poe murió en circunstancias miserables y trágicas en Baltimore, en 1849, el desbarajuste de los últimos años de su vida se reflejó con terrible amplitud en la asombrosa desnudez y desparramiento de sus escritos.
          Por naturaleza, escritor meticuloso, delicado, pedante, y uno de los editores más hábiles de su tiempo, el despiadado desastre anduvo tras él muy rápido, y cada vez más rápido, siguiendo a esa naturaleza de “mala suerte” como resultado sutil de una incapacidad nerviosa para enfrentar los asuntos prácticos, y aquél continuó siguiéndole las pisadas, tanto en el recuerdo de su personalidad como en la edición de sus obras.
          Las repercusiones de la muerte de Poe fueron una larga e intrincada historia llena del ruido y la furia de una controversia acerca de la naturaleza de la personalidad del hombre, sus amores e infortunios. Y por largos años, fue un cuento relatado por idiotas, hombres y mujeres, en el que increíbles océanos de sensiblería fangosa, cursilería e histeria derretidas se extendían en oleadas de espuma sobre la roca de la realidad sumergida.
          Sería inútil, y aún ridículo repetir aquella historia, aunque fuese solo esbozada, porque es el signo literario de los escritos de Poe, en vez del hombre mismo, lo que este volumen puede interesarnos. Basta decir que en el momento de su muerte, su reputación padecía una de las máximas desgracias o calamidades que pueden alcanzar  a la fama de cualquier autor.
          Para completar la tragedia, Poe había reunido sus escritos, cuentos y poesías; los había revisado y reeditado, además de proporcionarles esmerado pulimento y corrección de pequeños errores. Luego, dejó su obra al cuidado de su enemigo más enconado e implacable, y murió. Difícilmente el cuerpo de Poe estaba frío, cuando Rufus W. Griswold, su albacea literario, escribió en los periódicos de New York, so pretexto de un obituario, lo que vino a ser la máxima difamación de la personalidad del poeta y una sutil befa o escarnio mediante el artero menosprecio de su obra.
          Rufus W. Griswold era el más capaz y famoso antólogo estadounidense de su tiempo. Tenía una aguzada nariz para el talento pero un ojo envidioso para el genio, y los celos eran un profundo detalle de su personalidad. De vez en cuando, Poe lo ofendía en sus juicios literarios pero patentizaba ostensiblemente su auténtico genio. Y la venganza de Griswold fue atacar póstumamente a Poe. Atrasó al propio la publicación del material literario que Poe le había puesto en sus manos y cuando lo publicó, Griswold publicó solo una parte de  él e hizo caso omiso de muchas de las correcciones y enmiendas hechas por Poe. Todo esto ocurrió en los comienzos de los años cincuenta del siglo XIX.
          Y así, desde el principio, hubo grandes dificultades para coleccionar y editar la obra de Poe. Griswold tenía cierta parte (de ninguna manera la totalidad) de la obra de Poe que se publicó mediante sus auspicios Hubo varios libros de Poe, principalmente aquellos volúmenes de poesía, en especial sus primeras obras, que se hicieron muy difíciles de obtener. Y es que el cuerpo de  la obra del hombre, en sus varias versiones se encontraba diseminado en periódicos, revistas y humildes ediciones, publicadas en diversos e impensados lugares. Pero en cualquier momento, aquí y allá, Poe había sido capaz de tener algo de su obra literaria.
          Nada es más indicativo del verdadero genio de este escritor que el hecho de que su prestigio sobrevivió y continúan incrementándose, a pesar de las enormes dificultades para reunir en forma de colección su obra literaria completa. Y cuando se recuperó ese valioso material, se decidió que era el texto final y “oficial”. Debe destacarse que cuando Poe escribía sus obras, especialmente sus poemas, sufrían continuas revisiones, mejoras y constantes reimpresiones. No ha sido sino a partir de la década de los años cuarenta del siglo XX, que la profunda e insistente investigación de hombres de letras y analistas de textos ha dado por resultado, aunque lentamente, el establecimiento o fijación de lo que podría denominarse la versión de autoridad reconocida de los escritos de Poe.

          La supervivencia de la obra de cualquier escritor se debe mucho más a la casualidad  que al interés ejercido por la mayoría de los escritos. El hecho de haber sobrevivido Poe a todas sus obras favoreció considerablemente las continuas reimpresiones en periódicos, de poemas tales como El Cuervo y Las Campanas. Desde el momento de su aparición, El Cuervo llegó a ser el poema más ampliamente conocido que el de cualquier otro poeta estadounidense, y así ha permanecido hasta nuestros días. Su cuento, El Escarabajo de Oro, también fue en extremo popular y reimpreso con gran frecuencia. Poe, en una carta a un amigo, dice que escribió (el poema) del pájaro para que circulara al mismo tiempo que el escarabajo, pero el pájaro se comió al escarabajo.
          Los Crímenes de la Calle Morgue es otra obra que continuó siendo leída y releída, al igual que La Caída de la Casa Usher. No obstante todo ello, su fama bien pudo haberse caído. La Guerra Civil y todo lo que ella acarreó, fue un verdadero aguafiestas de olvido que se ciñó sobre la mayoría de los contemporáneos de Poe.
          Pero Poe se comprendió fuera de su país, especialmente en Francia, donde su personalidad, poesía y prosa, así como sus teorías literarias fascinaron al gran poeta Charles Baudelaire, quien hizo el servicio invaluable de traducirle en forma extraordinaria.
          Desde entonces Poe llegó a ser una influencia fructificante en la literatura francesa, al extremo de que ningún escritor de habla inglesa ha afectado tan enormemente esa literatura como Poe. Luego, mediante un curioso e efecto indirecto, sus teorías y técnicas retornaron a Estados Unidos, reflejadas directamente desde Francia, o bien filtradas por medio de la correspondencia en inglés.  Todo ello influido por la singular postura literaria francesa.
          Dicho en breve forma, Poe influenció en grado sumo toda la poesía moderna, por medio de las imágenes empleadas por él para evocar y sugerir, más bien que para pintar y fotografiar con palabras lo que él quería decir – su método era subjetivo antes que objetivo – y el cuento moderno, particularmente el cuento de raciocinio, la historia detectivesca, por ejemplo, es en su mayor parte propia de su invención. No es ningún alarde agregar que toda la actual e innumerable generación de ficción detectivesca procede de Los Crímenes de la Calle Morgue por vía de Sherlock Holmes. En poesía, la influencia de Poe es muy sutil y muy ramificada para seguirle aquí la pista. La gran mayoría de los modernistas deben importantísimos aportes a Poe. A Helen, por ejemplo, es un poema perfectamente moderno; la imaginación es evocativa, su lógica es subliminal. Sus teorías, así como la propia construcción y empleo del material para el cuento han  llegado a ser el capital para el negocio de miles de exitosos escritores comerciales, así también como el conveniente mecanismo de algunos “grandes”.
          “La fama de Poe en su país también se mantuvo viva al ser atizada por una larga controversia acerca de la naturaleza de la personalidad, alimentada primero por razones personales y egoístas por parte de aquellos que lo conocieron en vida y, enseguida por innumerables biógrafos caracterizados por interpretaciones psicológicas y otros asuntos teorizantes,  más interesados en sus propias teorías que en Poe, continuaron al menos acarreando volúmenes a su cenotafio donde nunca se observó el completo silencio. La bibliografía del hombre convirtióse en escándalo. “Interesarse en Poe”, dijo un gran escritor, “es prueba de una inteligencia de segunda clase”. (The Complete Tales and Poems of Edgar Allan Poe, 1938, pp. v-viii).