I

IMPORTANCIA E INFLUENCIA DE EDGAR A. POE COMO POETA

 

De Edgar A. Poe existe en el corazón de los hombres una imagen falsamente verdadera y verdaderamente falsa… hermosamente falsa a la luz de la investigación literaria, pero verdadera en la tiniebla de las convicciones inexpresables, de las larvas elementales que mueven nuestras conductas más profundas. JULIO CORTÁZAR. (Poe, 1973, p. 9).

        La música poética de Edgar A. Poe, dispersada en una amplitud de sentimientos y situaciones equitativos, posee un bien consolidado sustrato que mantiene y rige las armonías enfocadas que son necesarios chispazos multicolores. De esta forma, Poe es el primer escritor estadounidense que logró una vida total en el arte, consolidada mediante la aplicación de un barniz dorado a los conflictos y frustraciones del ser humano.

        Poe considera que el alma poética está en guerra con el tráfago del mundo físico, y precisamente esta contienda es un tópico de la actividad poética. Cuando él expresa que las realidades del mundo me afectan como visiones… mientras que las ideas turbulentas de la tierra de la ensoñación llegan a ser, por el contrario, no el material de mi diaria existencia sino el hecho mismo de la existencia, total y únicamente en sí misma, nos establece los rumbos de su norte literario, particularmente de su poesía. Adentrémonos, pues, sin temores durante un intervalo  para investigar la arquitectura poética de Poe.

        Edgar A. Poe descubrió, exploró y extendió las fronteras del espíritu y la imaginación humanos, plasmando como ninguno otro aquellos materiales primigenios para encuadrarlos en una singular poesía. Expuso al frío desnudo las fuerzas veladas y poderosas de las conmociones mentales, capullos encubiertos y terriblemente apasionados que usurpan el carácter humano, y desde luego influyen en él.

Poe fue mal interpretado porque en sus sueños, vigilias, ensoñaciones, viajes al inconsciente,  nos presentó un universo poético innovador: un alma o espíritu, un  Angel Poeta que vive en el Cielo, un lugar fantasmagórico,  vaporosas  mujeres que amó,  el reino de la muerte, por citar solo algunos elementos de su escenario poético.  Fueron visiones, metáforas, realidades inconcebibles en su tiempo, e imposibles de asimilar por los sumos sacerdotes literarios de los Estados Unidos del siglo XIX, del XX y aún del siglo XXI.

        Poe fue un honesto devoto de la poesía pura. Es brillante, espontáneo, misterioso, angelical, cautivador; evita los temas triviales y comunes, explota como pocos las emociones y sentimientos humanos, que son novedosamente orquestados con el empleo de delicados instrumentos poéticos. En sutiles métricas  destaca sobre manera, como ningún otro poeta, la muerte de la mujer bella y amada. Y en esta temática su influencia es decisiva en líricos hispanoamericanos de la magnitud y belleza de un Gustavo Adolfo Bécquer, o de un Rubén Darío, un José Asunción Silva, un Amado Nervo, un Julio Herrera y Reissing. Tal vez menos metafísico que otros poetas, Poe no obstante indagó en su poesía desde las abruptas profundidades del dolor hasta las supremas cimas del puro buen amor, pero siempre con el empleo de la libertad absoluta del impulso creador.

        A través de su poesía, Poe asciende a las esferas de la armonía, del ritmo y de la música en prosecución de un ideal. Es el primer escritor estadounidense que forja una vida total y plena en el arte, pero atrayendo hacia sí las terribles encrucijadas conflictivas de la existencia humana. Realiza sin cálculos su acto creador, y por supuesto, el poeta surge como un sujeto insólito, un ser extraño a su época y a su país, un advenedizo y oscuro cuervo que emerge y desaparece en las sombras de la noche.
        
        En aquel lienzo también se superpone una de las más exquisitas mentalidades como cuentista y crítico.  Inteligencia habilitada además por una sensibilidad poética de elevado refinamiento para pintar las impresiones visuales, sonoras y táctiles.

        En su poesía hallamos una viva y penetrante introspectiva, persistente afán en pos del alma, y un arquetipo lógico-matemático del universo. Poe  tuvo el ansia del inquieto explorador en la selvatiquez de la belleza ideal y para ello dispuso de un idioma literario excepcional de signos y códigos, extraordinariamente originales. Es un artista incansable por la vehemencia de sus sueños, por la solidez de su convicción en la búsqueda de la autenticidad del arte por el arte. Su mal comprendida rebeldía no fue una vulgar imitación de Lord Byron o Coleridge, de De Quincey o Goethe. Fue producto de su dura y a veces descarnada experiencia personal, privada o pública, resultante de su enfrentamiento con  los componentes estructurales socio-económico políticos de los Estados Unidos.

        La mentalidad de Poe es poseedora de una extraña originalidad y encontramos  elementos que se ubican dentro de lo indefinido de la música y la precisión de la matemática. Y, ¿no es acaso esta la tendencia de la moderna literatura? Entonces, Jorge Luis Borges parece aplicar este esquema cuando escribe que dos escritores norteamericanos hay sin los cuales la literatura de nuestro tiempo sería inconcebible o, por lo menos, muy distinta de lo que es: Edgar Allan Poe y Walt Whitman. (Poe, 1985, p. 9).

        Poe tiene un dominio total, único en la historia de la literatura para conquistar o doblegar todo aquello denominado misterioso, fantástico, amoroso, y una prodigiosa facultad para sumergirnos en su ordenador del ensueño, de lo irreal, de lo inconsciente, de lo onírico, y donde pareciera que todo el mundo visible llega a ser potestad de las almas. Y, ¿no es esto un engranaje angular de la importancia e influjo de Poe en las letras y otros campos de las bellas artes? Un músico de estética tan severa como Claude Debussy expresó que Poe poseía la imaginación más original del mundo al crear una nota definitivamente nueva, y agregó que él debía hallar su similar en la música.
        
        Poe es una figura literaria que se yergue hoy día monolítica y definitivamente ya imbatible a pesar de la ventisca de algunos “críticos críticos” que todavía pululan por los caminos de la historia de la literatura. Poe es un verdadero caso sui generis. Destrozó o modificó los edictos literarios heredados, transformándose en gran innovador, y su obra poética es precursora del simbolismo, impresionismo, surrealismo y modernismo, porque halló y desarrolló increíbles temáticas y formas; novedosas revelaciones inyectadas con el hálito de sus nuevos cánones del lenguaje poético, con tal potencia y sinceridad que el poeta Antonio Machado considera a Poe como uno de los sacerdotes fundadores de la poesía moderna. Para Charles Baudelaire, Poe restableció el contacto con la vida, descubrió y reveló el poder transfigurador de la poesía, incluso frente a lo que la vida puede tener de impuro, sucio, enfermo, equívoco y perverso. Su existencia estuvo por completo dedicada a consolidar las formas de la belleza por todos los medios y a través de las exasperaciones de cada sensibilidad. La influencia de Poe en la poesía francesa fue aún más pronunciada, especialmente cuando Stéphane Mallarmé tradujo El Cuervo, seguido por un volumen de poemas de Poe puestos en prosa rítmica. También la obra poética y en prosa del genio irreverente de Arthur Rimbaud presenta cierta influencia en cuanto a símbolos y pinceladas, sugerentes de las notas musicales de la poesía y cuentos de Poe.

        Después de la muerte de Edgar A. Poe pasaron muchos años para que como hombre, poeta, cuentista y crítico literario fuera comprendido y valorado positivamente en su país natal. Pero lo contrario sí ocurrió en Europa y América Latina. Su primer biógrafo objetivo fue el inglés John H. Ingram, mientras que los franceses, inspirados por Baudelaire no dudaron ni un instante en aclamar a Poe como un autor de excelso vuelo. No obstante, el tristemente célebre Reverendo Rufus W. Griswold, albacea literario y primer “biógrafo” (?) estadounidense de Poe se encargó de denigrar y de concebir la odiosa leyenda negra sobre el hombre y el escritor, a tales alturas de maledicencia que Baudelaire llamó al Reverendo Griswold un vampiro pedagógico. Otros sicofantes hicieron coro para denigrar a Poe como ser humano y como hombre de letras hasta dimensiones  verdaderamente inverosímiles, y de nuevo el poeta autor de Las Flores del Mal exclamó airado: ¿No existe en Estados Unidos una ley que prohiba entrar a los perros en los cementerios?

        Con respecto a la poesía de Poe, por ejemplo, W. B. Yeats vio en él ciertamente el más grande de los poetas estadounidenses y que siempre, en todas partes del mundo es un gran poeta lírico. En 1909, George Bernard Shaw exaltó a Poe como el más delicado de los artistas puros, y lo definió como un gran rebelde héroe cultural, sublevado contra unos Estados Unidos insensatamente materialistas. Y todavía hoy día muchos críticos conocen mejor lo que Poe bebía que su obra literaria.

        El ritmo verdaderamente hipnótico de El Cuervo, así como su temática influyó en definitiva en la poesía hispanoamericana.  Un caso muy particular, por ejemplo, es el del colombiano Silva y su famoso Nocturno, que retrata la muerte de la bella mujer amada. En el excelente poema Día de Difuntos (también de Silva) existen importantes reminiscencias de Poe.

         La poesía de Poe, de Rimbaud y la de Baudelaire rompen el momentum de inercia de la poesía del siglo XIX.

        Poe es un poeta de temática inagotable. Inició su obra literaria con poemas y la concluyó con ellos. Obras en prosa como El Coloquio de Monos y Una está mucho más próxima a la poesía. Algunas veces los cuentos son semejantes a sus poemas por el tono y los asuntos.

        En cuanto a la obra literaria completa de Poe, diferentes estudiosos han detectado sugestiones del autor en W. B. Yeats, Amy Lowell, Franz Kafka, Graham Greene, Albert Camus y Jean-Paul Sartre; compositores como Debussy, Ravel, Sibelius, Rachmaninov y Prokofiev admiraron a Poe, y personalidades como Mallarmé, Borges, Sábato, Chesterton y muchas otras han visto en el escritor estadounidense una de las más lúcidas y fascinantes figuras del atormentado espíritu moderno. Los aportes de Poe a la ciencia ficción y a la literatura fantástica nunca han sido negados, y no cabe la menor duda de su influencia en escritores como Jules Verne, Sir Arthur Conan Doyle, Arthur Machen, Algernon Blackwood, William H. Hodgson y el moderno gurú de lo fantástico,  H. P. Lovecraft, quien no titubea en considerar a Poe como su gran maestro.

        Lord Tennyson llamó a Poe el genio más original que Estados Unidos ha producido; un poeta que se yergue a la par de Catulo, el más melódico de los latinos y junto a Heine, el más armonioso de los alemanes.

        Hoy día es totalmente una necedad que se le discuta a Poe su original estatura literaria. Lo contrario es un simple prejuicio aberrante.

 

II

UN ASOMO AL ARTE POETICO DE EDGAR A. POE

 

Poe  es grande porque es independiente de atracciones baratas… del esnobismo, de la glotonería y de todo el resto de los recursos usuales de su profesión. GEORGE BERNARD SHAW. (Carlson, 1970, p. 100).

        La producción poética de Edgar A. Poe es  consecuencia de una extraña y asombrosa armonía de preponderancias de sustancial oposición. Por una parte, un pensamiento analítico severamente lógico o racional, reflexivo, idóneo para regir un discurso según normas equitativas y metódicas; y por otra, una potente percepción y un inconmensurable ámbito rico en ideas, entornos y hechiceras tonalidades musicales.

        De grandes dimensiones y profundidad, la poesía de Poe es totalmente característica, típica, ya que se acopla con notoria exactitud a sus postulados estéticos. Poco interesado en la historia y en sus bruscos cambios, Poe se sujetó para inquirir una universalidad y proponernos las concepciones más opuestas: portentosos ensueños, espléndidos paisajes, deslumbrantes visiones, singulares mujeres en el sepulcro apenas dormidas, y otras tantas pertenecientes a un orden de ternura, esperanza, amor y rara belleza.

        Poe experimentó con sus sentidos y escribió: Podemos en cualquier momento duplicar la belleza de un paisaje real, entrecerrando los ojos al contemplarlo. En su poema Tamerlán (edición de 1831) se preguntó:

                        ¿No has contemplado en la primavera de la vida
                        algún motivo de deleite
                        con mirada absorta, hasta sentir
                        que la tierra giraba, y todo se desvanecía?
        
        Poe, en una nota suya al poema Al Aaraaf , dijo: Con frecuencia he creído oír el sonido de la oscuridad acercándose furtivamente desde el horizonte. Y es que estas experimentaciones del espíritu ultrasensible del poeta son el auténtico motor generador de esa fuerza única para su creación poética.

Los poemas de Poe unen el lirismo afectivo a la matemática poética y a la simbolización misteriosa. El poeta tenía ideas muy precisas acerca de la naturaleza y las formas de la experiencia humana, así como de la importancia de la muerte y lo inevitable de la melancolía que dominan la imaginación, los procesos creadores y las prácticas poéticas. Con el amor, la muerte, la melancolía, el horror, y el inevitable dominio del simbolismo que Poe desarrolla, bien puede interpretarse su obra poética como la verificación de una conciencia creadora enteramente transparente, y la certeza de que el poeta es poseedor de una tesitura lírica del universo. Luego, la belleza existe en el mensaje codificado del poema y los signos poéticos le dictan sus técnicas de composición, ante la sentencia del propio Poe de que la poesía es la expresión de un pensamiento y de una idea que ninguna otra forma de escritura o de arte puede expresar.

        En su ensayo, Filosofía de la Composición, Poe relaciona dos conceptos fundamentales, casi rectores de su obra poética. Uno es la  melancolía, el más legítimo de los tonos poéticos. (Poe, 1973, p. 70).

        El otro concepto es la Muerte: De todos los temas melancólicos, ¿cuál lo es más por consenso universal? La Muerte… La muerte, pues, de una hermosa mujer es incuestionable el tema más poético del mundo; e igualmente está fuera de toda duda que los labios más adecuados para expresar ese tema son los del amante que ha perdido a su amada. (Poe, 1973, pp. 71-72).

        Entonces, la figura femenina ocupa el vértice preponderante en la obra poética de Poe. En el universo espiritual de los poemas, las figuras femeninas son seres frágiles, a veces como una atmósfera de recuerdos puros envueltos en un aura constantemente virginal.
                     
        Para Poe un poema merece esta denominación en la medida en que estimula y eleva el alma. (Poe, 1973, p. 81). Y agrega: Definiría la Poesía verbal como la Creación Rítmica de la Belleza. (Poe, 1973,  pp. 89-90).

        Tenemos ya que lo más placentero es la exquisita contemplación de la belleza para alcanzar la excitación del alma, verdadero sentimiento poético, y por fin la pasión como resultante del amor.

        Debe quedarnos claro que Poe hizo profesión de fe del ideal de adhesión a principios y a las reglas más puras del arte, descubiertas por medio del análisis filosófico. Nunca dudó en asumir la existencia de lo absoluto, de principios universales arraigados en la misma naturaleza de la literatura y en la mente del recto hombre pensante. Las palabras no pueden encerrar la naturaleza espiritual de la poesía porque lo intangible elude necesariamente la definición, señaló Poe. El poeta explica que el fin del arte es el placer y no la verdad. Con el claro objetivo de que el placer sea intenso, la obra de arte debe caracterizarse por dos componentes fundamentales: unidad y brevedad. En la poesía los recursos propios para despertar, activar el placer es el supremo acto de creación de la belleza.

        De la poesía, la música es un elemento básico, indispensable, y es particularmente preciosa para alcanzar la excelsitud por parte del poeta, pues la música está más cercana, más  íntimamente ligada al objetivo culminante de la poesía.

        Viviendo en un país y en un momento histórico alimentados por algunas mentalidades estéticas enanas, y rodeado de un medio puritano y materialista, hostil a la visión de la belleza y del arte, por supuesto hay  excepciones, Poe estuvo sometido a continuas embestidas de etiquetas de superficial y excéntrico. No obstante, llevó la guerra al país del enemigo, defendiendo los modelos de la belleza y el placer como móviles superiores del arte y atacando con el efectivo empleo de sus conceptos e ideas la herejía de la didáctica, tan asida en Inglaterra y  Estados Unidos.

        Poe desdeña el realismo, frecuentemente denominado “fotográfico”, y en su evocación del placer hace libre uso del parentesco psicológico del placer y del dolor. Y desde luego parte de sus propios maestros: Wordsworth y Coleridge; del primero asocia los conceptos de placer y verdad, y del segundo toma la expresión de que ningún hombre no fue jamás un gran poeta sin ser al mismo tiempo un profundo filósofo. También encuentra en Shakespeare la estrella matutina, guía y pionera de la verdadera poesía. Y el propio Poe tiene una magnífica sentencia: La poesía es el aliento y el espíritu más sutil de todo conocimiento; es la vehemente expresión del semblante de toda ciencia.

        El poeta verdadero no puede complacerse con las bellezas superficiales del mundo en que vive. Aspira, disfruta, anhela la belleza suprema. Es el deseo de la mariposa nocturna por la estrella. El alma del hombre es inmortal y el poeta, a través de su percepción de la belleza ideal nos hace conscientes de nuestra naturaleza eterna, satisface el alma humana y proporciona así el más elevado placer posible en esta vida conflictiva y transitoria. Poe nos ofrece entonces el placer propio de la poesía como una excitación ascendente del alma.

        De sus poemas el lector no puede escaparse, evadirse, debido a su música e imágenes que hechizan por su profundo sentimiento y por una armonía exquisita, sutil, incorpórea. Esta perfecta proporción y correspondencia, esta visión y experiencia de la belleza excelsa es música que se alcanza, precisamente por su liberación de las cosas terrenales, por su indefinición, por su vaguedad. Para adicionar una tonalidad singular de la belleza, Poe toma y pone en juego el principio de Sir Francis Bacon: No hay belleza exquisita sin algo extraño en las proporciones.

        Con respecto a la machaconería de la inspiración del poema, Poe nos dice sin ambages que no hay mayor engaño que creer que una auténtica originalidad es mera cuestión de impulso o de inspiración. Originar consiste en combinar cuidadosa, paciente y comprensivamente.
(Poe, 1973, p. 24).

        La mentalidad de Poe era una excepcional síntesis. Es necesario que recalquemos en ella principios correspondientes a lo indefinido de la música y a la exactitud de la matemática. Con un insaciable deseo innato de perfección, Poe trabaja y refina su poesía cual devoto orfebre con sus piedras preciosas. Trató sus poemas como un mecanismo de relojería para destacarlos, sumirlos en sus atmósferas de ensoñaciones, en sus dolorosas experiencias de Eros y Thanatos, en la amable amistad de sus mujeres, y en el misterio de los misterios de cuadros nunca pintados de amores y muertes, sueños y horrores.

        Pablo Neruda ha cantado, Poe en su matemática tiniebla, para expresar esa curiosa antítesis de la frialdad lógica de su reflexión existencial y la densa atmósfera de misterio, ensambladas ambas entidades en un solo hechizo pendular que acaba produciéndonos un miedo mágico.
          
        La gran mayoría de los poemas de Poe provocan en  nosotros la extraña fascinación de un paisaje lunar, la sorprendente belleza estilizada y fría de una mujer muerta, un firmamento que a veces parece como apagado, por ejemplo. Con su magistral dominio de lo fantástico y su maestría del sonido melancólico del verso, Poe escribió poemas calculados e insistentes, de poderosa unidad, con una descarga insólita de extraordinario efecto. Los mejores pasajes de sus poemas más personales tienen una misteriosa, recóndita belleza y parecen transitar acompañados de un eco extraterrenal de raro encanto.

        Digamos que infrecuente claridad intelectual, robusta mentalidad analítica, aguda exactitud matemática, todo ello unido a un denso y original bagaje de intuitivas y fantásticas cualidades, son engranajes que podrían caracterizar la obra poética de Poe.

        Cuatro fueron los supremos asuntos poéticos de Poe: orgullo, amor,muerte y belleza. Obtiene también otros componentes derivados de sus propios ensueños casi febriles con el apoyo de figuras verosímiles, texturas únicas y nuevos volúmenes procedentes de materiales impalpables, y donde el amor finalmente tiene una auténtica significación de eternidad.

        Con un matiz de objetividad y espontaneidad, la producción poética de Poe depende entonces, estrechamente, de sus propios poderes imaginativos y de su acrisolada técnica. Persiguió siempre el ideal, y sus oscuros y profundos ojos fueron los de un visionario. Su enérgico anhelo idealista emerge tanto de su corazón como de su inquieta imaginación. Su delicadeza con respecto a la belleza y a la dulzura de la mujer le inspiraron sus poesías más conmovedoras, emotivas y dramáticas.

        La temprana poesía de Poe no tiene, por supuesto, la perfección de sus poemas intermedios y últimos. Pero en definitiva esa producción poética no puede considerarse inmadura para un muchacho de dieciocho años, ya con un destino empinado y resbaloso. Para algunos críticos literarios es escasa la poesía de Poe que se salva del hundimiento. Evidentemente hay algunos poemas bastante débiles, pero eso no impone antojadizas generalizaciones.

        La mayoría de los poemas de Poe fueron revisados por él y casi siempre mejorados para su publicación en subsiguientes impresiones.

        Con un criterio de selectividad amplio y, obviamente con los vacíos de una visión de conjunto, la poesía de Poe la podemos ubicar dentro de cinco condiciones con respecto a determinados elementos dominantes y funcionales:

  1. CONDICION ESPIRITUAL. Con frecuencia tiene como denominador común la descripción del ámbito del espíritu, o bien, la sugerencia de una relación entre éste y los seres humanos. Ejemplos: Al Aaraaf, Israfel, Lenore, A Una en el Paraíso.
  2. CONDICION PRETERNATURAL. Se caracteriza por la negación de ciertas leyes naturales. Ejemplos: El Valle del Desasosiego, El Reino del Ensueño, El País del Mágico Encanto.
  3. CONDICION ALEGORICA. Una alegoría verdaderamente inquietante. Ejemplos: El Palacio Poseído, El Gusano Vencedor.
  4. CONDICION AMATORIA O GALANTE. Domina aquí la fuerza del amor, desde el ímpetu juvenil hasta el amor en la madurez, con diversos grados de canto lírico. A veces la pasión amorosa llega a confundirse con el simple y elegante galanteo. Ejemplos: Canto, A Helen (1848), Annabel Lee, Para Annie.
  5. CONDICION CLASICA. Es un retorno, un volverse hacia la cultura Grecorromana. Ejemplo: A Helen (1831), El Coliseo.

        La severidad con la que Poe desplegó su arte lo convierte en un ser consanguíneo con aquellos de sus grandes contemporáneos, tales como Hawthorne, Melville y Thoreau. Y como ellos, Poe aseveró en sus mejores poemas que la literatura debe dramatizar la moral permanente y los temores y aspiraciones psicológicas del hombre.
           
        Con todo, debemos insistir y subrayar que la figura femenina es un elemento casi dominante en la poesía de Poe, donde los rasgos físicos de la forma se observan a través de la reminiscencia, y tratándose de una mujer difunta, las características son vagas, esfuminadas, algunas veces casi divinales. Todas las figuras femeninas de Poe son hermosas, virginales, incorpóreas, y su centro de gravedad descansa en la luminosidad de sus ojos.


III

PALABRAS FINALES

 

Poe estableció la norma, por primera vez en Estados Unidos de que la literatura es algo muy serio; no una simple materia de cortesía, sino una materia pletórica de verdad… Es en la poesía donde “extiende la Muerte su mirada gigantesca”, en que el horror de la resistencia informe que opone Poe, desesperado, impulsa su carácter en el aire, en el viento, en las glorificadas galerías del paraíso, sobre un mundo muerto poblado de sombras y silencio, e impaciente. Es la opresora fuerza de su aislamiento. WILLIAM CARLOS WILLIAMS. (Carlson, 1970, p. 127 y p. 140).
                       

        Algunos años después del fallecimiento de Edgar A. Poe, una sarta de vituperios, de párrafos vengativos y de injustas valoraciones acerca de su carácter, vida y obra, se publicaron por parte de sus enemigos personales y literarios, alimentados insensatamente por la idea muy generalizada que cataloga a los poetas como exquisitos monstruos infectos de depravación (recordemos a Lord Byron y Rimbaud, por ejemplo).

        Solo a fines del siglo XX las mentes libres de prejuicios biliosos y de torpezas, consideraron a Poe como un hombre íntegro de carácter y de demostrada honestidad literaria, y hoy día es uno de los pocos escritores estadounidenses de consolidada fama mundial. Y en verdad, Poe es la figura más legendaria de todo el ámbito literario de Estados Unidos.

        Existe un ápice de certidumbre en la sensación popular de que toda la obra literaria de Poe es el característico destilado, ese producto de su vida poseída por cierto desorden. Mas no hay ninguna verdad en las ideas, lamentablemente vulgarizadas, de que Poe fue un genio perverso que dio a sus lectores obras extrañas, misteriosas, siniestras, en tanto que se hallaba a merced de los vapores del alcohol y del láudano. Poseedor de un gran talento, ambicioso y altivo, fue un ser inundado por el desasosiego a todo lo ancho y largo de su vida, y frustrado, porque nunca gozó en absoluto, solo en la esperanza, de reconocimientos y satisfacciones.

        Creemos que un Poe afortunado y feliz pudo haber sido solo un aficionado, un “dilettante” de la literatura.

        Y por otra parte, todos tenemos alguna conciencia de Poe, y en todos nosotros subyace una ubicuidad de él como de noche cerrada; algo inconsciente de Poe, y todos, creámoslo o no, en algún recoveco de nuestra personalidad somos él.

        También debemos resaltar una cualidad fundamental de Poe: su franca, penetrante e inmanente moralidad. No invierte jamás los valores. Nunca es un paradójico, ni un malicioso, ni un inmoral. Poe era demasiado inteligente para encender semejantes juegos pirotécnicos con las reglas de la conducta humana.

        En los poemas de Poe bien podemos descubrir nuestras angustias existenciales y contradicciones. La lectura y conocimiento de su obra es, entonces, un aproximarse al misterio del hombre, y más aún, al hombre contemporáneo. El genio poético de Poe encierra todos aquellos ordenamientos de la capacidad intelectual.  Crea impalpables sombras de misterio y lanza una maravillosa realidad dentro de sus concepciones más irreales.

        Poe no se divorció de su tiempo sino que reflejó importantes aspectos de la mentalidad estadounidense. Su conservatismo social y político se afianzó con la analogía científica de un universo perfecto.

        En cierta forma, vamos a repetir y fijar ciertos conceptos ya expresados. Poe es el escritor que alcanza la mayor intensidad en sus visiones maravillosas de mundos de ensoñación y universos fantásticos, pletóricos de luces y sombras. Uno de los méritos mayores de su obra y de su extraordinaria originalidad, consistió en proporcionar tanto mayor lógica interna a la estructura artística de sus poemas y relatos, cuanto más se acercaba el asunto tratado a lo extraño, a lo singular y a lo fantástico, entendido éste como el desencadenamiento imaginativo. Estas características, son con mucha probabilidad,  el punto de arranque para que Walt Whitman dijera de Poe que como poeta se encuentra entre las luces electrificantes de la literatura, y que  Paul Valéry denominara a Poe el primer ingeniero literario de la literatura universal.

        Compartimos la propuesta de que Edgar Poe fue un escritor de una inclinación  filosófica determinada: su carrera, que Poe mismo no trazó de antemano estaba dirigida hacia una comprensión de ciertos principios del arte, de los principios también de la mente y del método del artista y aun de las teorías de la naturaleza autónoma del arte mismo. (Davidson, 1960, p. 7).

        Poe habló de la unidad de efecto o impresión. Para definir esta cualidad singular en el poema y en el cuento, emplea y aplica dos conceptos de uso corriente por parte del poeta y erudito alemán August Wilhelm von Schlegel: Einheit des Interesse (Unidad de Interés) y Gesammt Eindruck (Totalidad de Impresión).

        La concepción de Poe de las funciones de la imaginación poética y las reglas para su control, fueron asimiladas y aplicadas por toda una generación de poetas franceses, antes de que la poesía de los Estados Unidos y del resto del mundo, pudieran continuar la ruta establecida por Poe.

        Ante un Poe, que como dijo H. P. Lovecraft, poeta y crítico por naturaleza y por suprema convicción, lógico y filósofo por sus gustos y actitud, (Lovecraft, 1994, p. 53), es ya la hora de revalorarlo como poeta y adentrarse en el mundo de sus poemas, conocerlos y disfrutarlos, porque ya fue demasiado tiempo en que esta gran cantor lírico ha permanecido prácticamente considerado  solo como  escritor  de cuentos o relatos donde se desbocan ideas morbosas, horrores y pesadillas.

        La trágica muerte de Edgar A. Poe resume y condensa un vivir de siglos, y precisamente este vivir se fragua en su obra excepcional.